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La planificación es una cuestión personal, incluso íntima. A medida que vivimos nuestras vidas y llenamos nuestras agendas con nuestras actividades diarias, dejamos un rastro de nosotros mismos, nuestras esperanzas y sueños, nuestros éxitos y fracasos, nuestros momentos más felices y más tristes. Cuando se trata de planificación, hay a quienes les gusta mantener las cosas minimalistas, esbozar solo los aspectos destacados, y quienes necesitan mucho espacio para anotar ideas, garabatos y notas junto con sus citas y reuniones. A algunos de nosotros nos gusta coleccionar recuerdos de nuestras vidas, trozos de papel, notas adhesivas y resguardos. Otros convierten a sus agendas en obras de arte llenas de colores, códigos y más.